sábado, 7 de marzo de 2009

Calma

Mi calma es ir cruzando uno de los dos puentes de mi zona mirando la muda, cautiva, Torre del Oro y, a lo lejos, la Giralda. Me gusta pasear por el puente mirando al río, viendo la noche caer siendo un remanso para mí.
Todo se magnifica en luz, aun cuando asciende la luna, las penumbras dentro de mí se van disipando, con los malvas del atardecer cayendo poco a poco.
De un lado a otro de la orilla alcanzo el otro puente. Me llegan los aromas del parque, veo el costurero aún abierto, con sus luces y sombras, adentro mi caminar por la vereda verde, bordeando los árboles entre el crepitar, de la noche de María Luisa, envuelta en rejas está mi glorieta.
Ciprés de largas ramas que acarician su rostro, ¿Cuánto hiere el amor? Qué rendido cae a sus pies. Amor emergiendo entre oscuridad y piedra, ilusionado, poseído, para luego perderse entre la flecha de bronce, que un malévolo Cupido clava entre la piel marmórea. Herida punzante que mata.
Me siento con él. Efigie no muda ante mis pensamientos, respondiendo entre rimas y caricias, semejantes al viento, el silencio de la ciudad tardía nos va envolviendo, mientras los enamorados ramos se van marchitando. Nuevos, llegaran mañana, sin espinas ni lágrimas.
Cruzo de nuevo el río, buscando las esquinas de las calles estrechas y solitarias, no quiero los coches alumbrando la mirada, sólo deseo seguir sintiendo. Por fin puedo decir, “estoy en calma”.

2 comentarios:

Mercedes dijo...

Muchas gracias por tu comentario en mi blog. Me ha sorprendido leer a Bécquer en tu rinconcito porque es mi poeta. Un día le escribí un verso y no sé si le habrá llegado. Un placer visitarte.
besos de sábado soleado.

Pilar Cabero dijo...

Me ha llegado al alma, mi niña. Tus palabras, como siempre, conmovedoras.
Besitos.